6. Sé responsable y comprométete. Este es el paso más difícil y el más importante

El objetivo de mejorar el mundo no es una tarea de unas pocas empresas elegidas, gobiernos o personas, sino que se trata de una responsabilidad y compromiso de todas y todos.

Tenemos que ser conscientes de que no vivimos solos, nuestros actos repercuten para bien o para mal en otras personas. Nuestra responsabilidad transciende nuestras acciones individuales. Todo lo que hacemos influye, de un modo u otro, en el resto del mundo.

Así entendemos nuestra responsabilidad social, un tipo de responsabilidad que nos vincula con el planeta a título individual. Ser responsable significa obedecer a la propia conciencia, sabiendo que esa obediencia no se refiere a un acto pasivo, de esclavitud, sino a un acto operativo de compromiso, de deber.

En este sentido, tenemos un compromiso con el planeta. Debemos pararnos a reflexionar sobre aquellas cosas que nos exigimos y, con responsabilidad, hacer un esfuerzo por colaborar en el bienestar de quienes tenemos alrededor. Hacer sencillamente lo que tenemos que hacer. Es cierto que el compromiso requiere esfuerzo, pero todo lo que conlleva esfuerzo es en definitiva lo que acaba mereciendo la pena.

No hay que calentarse la cabeza buscando ocasiones extraordinarias para hacer cosas grandes porque quizá nunca lleguen esas ocasiones. Lo que importa es echarse a andar, ponerse en camino y sentir la pasión por la justicia; luego nos daremos cuenta de que es más fácil de lo que suponíamos. No existen límites de edad, de sexo o de condición social para practicar la solidaridad.

Súmate, participa, actúa y trabaja para combatir la injusticia y cuidar el planeta. Recuerda que cada persona es única y capaz de aportar cosas diferentes y necesarias. Es el momento de hacer, de construir colectivamente, de crecer caminando junto con otras personas que, como tú, apostamos por un futuro mejor ayudando a crear una sociedad que cuide el planeta y aumente el bienestar de cada persona, porque otro mundo mejor es posible y necesario. Es responsabilidad de todos y todas trabajar para alcanzarlo.

Y sabemos que es posible la esperanza porque caminamos junto a miles de personas en el mundo que eligen no resignarse. Nadie sabe de lo que es capaz hasta que se arriesga a hacerlo. Todo es posible si nos atrevemos a emprenderlo.

Actividad (4-8 años)

1. JUEGO DE LOS SAQUITOS

El objetivo del juego es contribuir a generar pensamientos y actitudes de acción solidarias.

Preparamos para cada participante una bolsita o saquito cerrado con legumbres o semillas en su interior. Parte de la diversión puede comenzar involucrando a quienes juegan a preparar su saquito, echando un puñado de legumbres en una servilleta o trozo de tela anudándola con un poco de hilo, por ejemplo. Cada participante se coloca una bolsa en la cabeza. Empiezan a moverse por la sala, llevando el saquito sobre su cabeza en equilibrio y sin sujetarlo con las manos. En función de la edad, se les puede dar indicaciones de mayor dificultad (caminar de espaldas, a la pata coja, dando saltitos, sentarse en el suelo, tumbarse, etc.).

Opcionalmente se puede utilizar música que marque el movimiento. Cuando una bolsa cae al suelo, la persona que la lleva sobre su cabeza «queda congelada» y otra tiene que volvérsela a colocar para «descongelarla», sin dejar caer su propia bolsa.

Pasados unos minutos podemos parar el juego y realizar un pequeño diálogo con el grupo, en el que la persona que anima el juego recogerá unas primeras reflexiones de las diferentes estrategias que cada participante ha utilizado, y comentará la importancia de la ayuda en contraposición a la individualidad y la competitividad, aun asumiendo un riesgo personal («quedar congelado»).

2. UN CORAZÓN HERMOSO

El objetivo es descubrir la belleza de hacer algo por otras personas y comprometerse en acciones concretas para cuidar a quienes tenemos alrededor y al planeta.

Se comienza con un cuento titulado "Un Corazón Hermoso":

"Erase una vez, en la plaza de una ciudad, un hombre joven que proclamaba a los cuatro vientos poseer el corazón más hermoso que nunca nadie hubiera visto. El gentío se acercaba a verlo y todos corroboraban lo dicho; era un corazón realmente hermoso: sano, fuerte, joven, de un color rojo intenso y que latía con vigor. El joven se mostraba muy orgulloso de tener aquel corazón. De repente, de entre la multitud, apareció un hombre viejo, que adelantándose, le dijo:

  • "Mi corazón es más hermoso que el tuyo"-.

El joven y el resto de la gente lo miraron asombrados. -"¿Cómo puedes decir eso?" - dijo el joven - "Muéstranoslo"-. El viejo se abrió su camisa y enseñó a todos su corazón: era un corazón viejo y cansado, pero lo que más llamaba la atención eran las numerosas cicatrices que lo surcaban; en unos lados faltaban trozos, en otros había trozos desiguales, lo que le daba a aquel viejo corazón un aspecto grotesco.

  • ¿Cómo puedes decir que tu corazón es más hermoso que el mío?" - dijo el joven - "Si está lleno de cicatrices" - prosiguió.
  • "Verás", - contestó el anciano - "las cicatrices que ves son el resultado de haber entregado trozos de mi corazón a las personas a las que he ayudado y amado. Muchas de ellas me entregaron a cambio un trozo del suyo, son esos trozos que ves diferentes. Cuando los miro me acuerdo de ellos. ¿Comprendes ahora por qué mi corazón es más hermoso que el tuyo?"
Ante aquellas palabras, el corazón del joven se conmovió. Se acercó al viejo y, arrancándose un trozo de su joven y perfecto corazón, se lo ofreció. El viejo, con una gran sonrisa, lo cogió, y a su vez, se arrancó un trozo del suyo para regalárselo al joven, colocando en el hueco aquel trozo nuevo. A partir de ese momento, el joven empezó a tener un corazón más hermoso".

La ciencia de vivir es el arte de amar

Rubén Darío

Una vez leído el cuento, recortar un corazón de papel o de cartulina y a ser posible que sean diferentes (folios blancos, de cuadros, de colores...) en cuyo interior cada participante escribirá cinco cualidades propias que sean positivas. Ejemplo: simpático, alegre, guapo, estudioso, etc. En función de la edad, podemos sustituir el papel por plastilina y que en lugar de escribir, lo digan en voz alta.

Se abre un diálogo buscando respuestas a los siguientes interrogantes: ¿Cómo era el corazón del anciano?, ¿por qué se reía el joven de que el anciano pensara que su corazón era más bello?, ¿cuál fue el corazón que al final reconocieron que era más bello?, ¿qué es entonces lo que hace más bello un corazón?, ¿estás de acuerdo con esto?, etc.

Por turno, cada participante expondrá, de forma individual (escrita u oral), cuatro circunstancias en las que sea posible ofrecer "un trocito de corazón" para cuidar el planeta. Se ayudará al alumnado con algún ejemplo concreto. Se presentan a continuación algunas sugerencias: separar la basura en casa y en la escuela, tirar los residuos a la papelera, responsabilizarse de cuidar una planta, recoger los excrementos del perro, pedir a los padres usar más transporte público y menos coche, cerrar el grifo cuando nos cepillamos los dientes, apagar luces y aparatos que no se utilizan incluido el stand-by, no arrancar flores ni hojas a los árboles, poner un tiempo límite al juego con aparatos electrónicos y buscar juegos que no supongan consumo, etc.

Después les invitaremos a formar juntos el corazón del grupo en una cartulina mural. Cada cual, libremente, cogerá un trocito de su corazón (de papel o de plastilina) y lo pegará en la cartulina.

Así, en conjunto, formaremos un solo corazón con trozos desiguales, de diferentes formas y colores: un corazón "hermoso".

Descargar el archivo del sexto punto del decálogo infantil "Sé responsable y comprométete. Este es el paso más difícil y el más importante".