7. No supeditarás tu acción a los intereses económicos

La política no debe someterse a la economía y ésta no debe someterse a los dictámenes y al paradigma eficientista de la tecnocracia. Hoy, pensando en el bien común, necesitamos imperiosamente que la política y la economía,

en diálogo, se coloquen decididamente al servicio de la vida, especialmente de la vida humana. (LS 189)

A lo largo de estos meses de campaña, en las reflexiones de los principios publicados del decálogo verde siguiendo los artículos de la Laudato Si´, hemos vuelto la mirada a la situación de la madre tierra y de las personas más olvidadas, hemos invitado a redescubrir modos de vida sencillos y sugerido cómo hacerlos posibles con gestos conscientes en nuestros comportamientos cotidianos, a apreciar y cuidar la rica diversidad de nuestro mundo, hemos animado a realizar una conversión personal, eclesial y comunitaria y a impulsar las decisiones necesarias aunque sean costosas.

En este séptimo principio, sin dejar de fijarnos en lo que nos interpela como personas responsables de lo que acontece en nuestra tierra, vamos a cambiar el foco y vamos constituirnos en voces que claman ante quienes detentan el poder de decisión en la política y en la economía, que finalmente orientan, fijan y condicionan en gran medida nuestro vivir.

A estas personas que ejercen el poder en los distintos niveles de la política y de la economía, también en la ciencia y en la técnica, les pedimos que regresen siempre, en su toma de decisiones, a su nivel y condición de ciudadanía, que se despojen de la impersonalidad que supone mirar desde arriba, no importa cuán arriba, para no perder de vista la perspectiva de lo común porque, antes o después, en mayor o menor medida, se verán afectadas por sus decisiones.

Las personas creyentes miramos en Jesucristo el camino a seguir para una comprensión cristiana de la realidad, porque a pesar de que "Todo fue creado por Él y para Él" (Col. 1,16) se abajó hasta lo más pequeño para vernos y servirnos desde ahí.

Se dice, y con razón, que no todas las responsabilidades son iguales en su contribución al deterioro de la situación económica, social y ambiental.

Mayor capacidad de poder de decisión, de conocimiento y de beneficio personal supone mayor responsabilidad. Por eso para ejercerla bien es imprescindible una conversión general, tanto personal, como social y ecológica.

Invitamos en este principio a esa conversión para evitar o corregir una visión y práctica distorsionada de la economía, en la que prima más la maximización de beneficios a corto plazo, y donde la economía financiera es más importante que la economía real (LS 85). Se condicionan con facilidad los ámbitos de las decisiones políticas y la orientación de las soluciones científicas y técnicas cuando el interés económico llega a prevalecer sobre el bien común (LS 54) y las finanzas ahogan a la economía real (LS 109).


En este sistema desorientado se suceden las crisis económicas y, en cada una de ellas, como reacción a sus consecuencias y efectos nunca controlados, surgen voces que apuntan soluciones que no se atienden. Un ejemplo reciente es la crisis financiera de 2007-2008, en la que se plantearon propuestas ambiciosas, presentándose la ocasión para el desarrollo de una nueva economía más atenta a los principios éticos y para una nueva regulación de la actividad financiera especulativa y de la riqueza ficticia. Pero no hubo una reacción que llevara a repensar los criterios obsoletos que siguen rigiendo al mundo (LS 189).

Es necesario superar el paradigma tecno-económico (LS 203) que nos domina para recuperar una economía al servicio del ser humano y respetuosa con la creación, una ecología económica capaz de obligar a considerar la realidad de manera más amplia (LS 141).

Tal vez sea pedir demasiado pero se trata de que todas las personas, especialmente las que ejercen el poder en los distintos niveles, mirasen con la mirada de las más vulnerables para no perder de vista nuestro ser. Mirada humilde, desde abajo, de seres pequeños, de criaturas, y, por tanto, de alcance necesariamente limitado y corto. Esto evita decidir desde el egoísmo o los intereses particulares, desde la superioridad del poder político, económico, científico, técnico o cultural.

Voces que claman

Armindo Goes

Pueblo Yanomami (Brasil)


"Cuando nosotros dividimos la tierra, no existe pobre, rico, clase alta, clase baja, ni ninguna clase, no existe clasificación en nuestro contexto cultural.

Conocemos que en la Amazonía, la riqueza, no es solamente en recursos vegetales, recursos naturales, existen conocimientos, cultura, lenguas diversas, y que nosotros construimos conocimiento.

Somos impactados por las actividades de extractivismo que tiene que ver con la explotación ilegal en las tierras indígenas, petróleo, el agronegocio que avanzan cada vez más.

Yo creo que esas no son actividades que van a traer la vida digna para los pueblos indígenas de este país."

Chiara Lubich

Fundadora del Movimiento de los Focolares (Italia)

La Economía de Comunión fue iniciada por Chiara Lubich,en mayo de 1991, cuando acababa de caer el muro de Berlín y estaban comenzando los grandes cambios que nos han conducido a este capitalismo del siglo XXI, que plantea retos hasta ahora desconocidos.

A la vista del enorme contraste entre el centro de la ciudad de Sao Paulo (Brasil) y las favelas que lo rodeaban como una corona de espinas, escuchó el grito de las víctimas de un sistema económico capaz de generar mucha riqueza, pero absolutamente incapaz de compartir con los más necesitados más que unas pocas migajas.

(Continúa...)

ECONOMÍA DE COMUNIÓN

(Continúa...) Sintió la urgencia de dar una respuesta. Podía haber creado una ONG para ayudar a los pobres. Sin embargo tuvo la intuición "profética" de lanzar un desafío radical al corazón del sistema económico: la empresa.

Su propuesta consistía en crear empresas que compitieran libremente en el mercado y obtuvieran beneficios, pero destinaran esos beneficios a luchar contra la miseria y la exclusión, así como a desarrollar y difundir una nueva cultura económica abierta al don gratuito, a la reciprocidad, a la comunión.


Evidentemente, al principio no faltaron agoreros que dijeron que aquello no iba a funcionar, que economía y comunión no casan, que a la economía - presuntamente amoral por estar basada en la racionalidad y en la técnica - le sale urticaria cuando se le asocian conceptos tan difíciles de medir y manejar, pero tan esenciales para la misma vida de las empresas, como la gratuidad y la comunión.

Sin embargo, la experiencia de las más de mil empresas y miles de personas que han dado vida al proyecto durante estos 26 años en diferentes campos - investigación, formación, lucha contra diferentes pobrezas - muestra lo contrario: A la economía le sienta muy bien ir de la mano de la comunión, para no perder su humanidad ni su vocación originaria y profunda como oikonomia, orientada al buen gobierno de la casa común. Y a la comunión le sienta de perlas la economía, para no quedarse en espiritualismo y convertirse en algo concreto: comunión de bienes, de talentos, de beneficios.

Es verdad que el proyecto es todavía pequeño - mil empresas no son nada en comparación con la inmensidad del mundo empresarial - pero suficiente para mostrar que es algo más que una utopía.

Muchas personas hemos encontrado en este proyecto un camino para dar sentido a nuestra profesión y a nuestra acción en el mundo económico. Un camino para responder a una vocación, en muchos casos laica, a mejorar concretamente la vida de personas que no cuentan con lo necesario para llevar una existencia digna, a defender el trabajo hoy cada vez más marginado, a ofrecer un futuro a jóvenes de diferentes países, a luchar contra la pobreza no elegida eligiendo una vida sobria.

¿Qué puedes hacer (o de jar de hacer)?

1. Párate a pensar, no tengas miedo, el Señor está contigo. No supeditarás tu acción a los intereses económicos. Pararse a pensar sobre la potencia transformadora de esta sentencia es un primer paso para cambiar nuestros comportamientos cotidianos y ponerlos al servicio de las personas y del entorno en el que compartimos espacio con el resto de criaturas de la Creación. Empezar a pensar y comportarse de otra manera no es una muestra de excentricismo, rebeldía sin causa o amenaza al bienestar. Para los cristianos es simplemente seguir el camino de Jesús.

4. Sáltate la lógica de los Mercados Internacionales y consume productos de Comercio Justo. Hay productos como el café, el cacao, el azúcar de caña o el té, que no se producen cerca de nosotros, pero podemos adquirirlos con garantías de que se han producido respetando los derechos de las personas y el medio ambiente. Puedes ver dónde consumir Comercio Justo en pequeños comercios aquí: http://comerciojusto.org/tiendas

2. Podemos empezar reflexionando sobre si necesitamos tantas cosas materiales: ¿Tanta ropa? ¿Tantos automóviles en propiedad? ¿Tanta comida que luego acaba en la basura? ¿Necesitamos realmente sustituir un producto de consumo, simplemente porque ha pasado de moda? Liberarse de la esclavitud del consumismo puede ser un buen comienzo para conocernos mejor a nosotros mismos y preguntarnos si el consumo intensivo de cosas de usar y tirar nos hace realmente más humanos o, simplemente, supone poner nuestras fuerzas, anhelos e ilusiones al servicio de unos intereses económicos que nos son ajenos.

5. Si "las finanzas ahogan la economía real" (LS 109) sáltate la lógica de las finanzas convencionales y únete a la banca ética. Somos muy conscientes de cómo la economía financiera y sus actores, los bancos fundamentalmente, hacen las cosas de una manera que genera sufrimiento a millones de personas en todo el mundo. Inversiones en armas, en grandes construcciones que expulsan a millares de personas de sus hogares, generando casas sin gente, cuando hay gente sin casa... Sin embargo, hay otra forma de hacer finanzas, apoyando a las iniciativas de la economía real que buscan un desarrollo sostenible de las áreas donde se ubican. Son las finanzas éticas, ¿Por qué no conocer más? http://www.fiarebancaetica.coop/

3. Desafía la lógica del pez grande se come al chico y empieza a consumir en los mercados locales bienes y servicios procedentes de pequeños productores locales. Sentirás la cercanía de las personas que los producen y de la tierra de la que provienen. Puedes hacerte miembro de un grupo de consumo (un grupo de personas que compra alimentos de forma regular y conjunta directamente de quienes los producen. Los productos que se adquieren van desde frutas y verduras frescas, a productos de limpieza, ropa, etc. Tienen entre ellos al menos un acuerdo informal de organización y, a veces, una estructura legal, como por ejemplo cooperativas). Hay muchos por todos los lugares de España. ¿Por qué no pruebas si no lo has hecho ya?

6. Hoy en día, en España, tenemos la posibilidad de sumarnos a una nueva manera de producir, distribuir y consumir, como la que se lleva a cabo dentro de los Mercados Sociales. Son espacios en los que las personas consumen bienes y servicios producidos por empresas de la Economía Social y Solidaria que ponen a la persona y sus cuidados en el centro de la actividad económica. La mayoría de estas empresas son cooperativas muy unidas al territorio en el que llevan a cabo su actividad, generando procesos de desarrollo local. Seguramente en la Comunidad Autónoma en la que vives existe uno. ¿Por qué no lo buscas y te unes?

7. Si tenemos Mercados Sociales en los que encontramos producción cooperativa, finanzas éticas y comercio justo. ¿Por qué no cerramos el círculo contribuyendo con un consumo responsable, consciente y transformador? En los Mercados Sociales podemos encontrar casi todo tipo de bienes y servicios. Podemos consumirlos de manera individual, o, mejor, de manera colectiva, participando en grupos de consumo o en cooperativas. Las hay de todo tipo, desde aquellas que producen y comercializan electricidad, a cooperativas culturales, como teatros, pasando por las que producen alimentos o, servicios financieros. Puedes ver más aquí: http://www.mecambio.net/

Oración

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Nadie puede estar al servicio de dos amos. Porque despreciará a uno y querrá al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero.

Por eso os digo: No estéis agobiados por la vida, pensando qué vais a comer o beber, ni por el cuerpo, pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido? Mirad a los pájaros: ni siembran, ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos?

¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida?

¿Por qué os agobiáis por el vestido? Fijaos cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan ni hilan. Y os digo que ni Salomón, en todo su fasto, estaba vestido como uno de ellos. Pues, si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se quema en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, gente de poca fe? No andéis agobiados, pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Los gentiles se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre del cielo que tenéis necesidad de todo eso.

Sobre todo buscad el reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura. Por tanto, no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le bastan sus disgustos».
(Mt. 6, 24-34)

Que trabajemos, Padre, por el bien común de la humanidad y de nuestro planeta. Ayúdanos a evitar nuestros egoísmos y a no dejarnos guiar por intereses económicos que se alejan del servicio a las personas y de las cosas realmente importantes de la vida. Te lo pedimos.

Agenda

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